El pasado 2 de julio de 2024, Imanol Pradales se convirtió en el nuevo lehendakari del País Vasco, sucediendo a Iñigo Urkullu en una ceremonia cargada de simbolismo celebrada bajo el emblemático Árbol de Gernika. Esta investidura, aprobada por el Parlamento Vasco el día anterior con 39 votos a favor (27 del PNV y 12 del PSE-EE), 28 en contra y una abstención, abre una nueva etapa política en Euskadi tras las elecciones autonómicas del 21 de abril, donde el PNV logró 27 escaños, empatado con EH Bildu.
Antecedentes electorales y pacto clave
Las elecciones vascas de abril rompieron con la hegemonía absoluta del PNV, que gobernó en solitario durante décadas. El empate en escaños entre jeltzales y abertzales soberanistas obligó a negociaciones intensas. Pradales, consejero de Desarrollo Económico y Competitividad en el gobierno saliente, fue designado candidato por Andoni Ortuzar. La clave de su éxito radica en el acuerdo con el PSE-EE de Eneko Andueza, que aporta estabilidad a un gobierno en minoría.
El programa de legislatura, presentado en junio, prioriza la reactivación económica post-pandemia, la vivienda asequible, la transición ecológica y la sanidad. Pradales prometió "un País Vasco fuerte, justo y solidario", apostando por el consenso en un parlamento fragmentado: PNV (27), EH Bildu (27), PSE (12), PP (7), Elkarrekin Podemos (1) y Sumar (1).
La ceremonia en Gernika: tradición y emoción
La jura de Pradales tuvo lugar en la Casa de Juntuntas de Gernika, cuna del fuerismo vasco. Ante el roble milenario, el nuevo lehendakari juró la Constitución y el Estatuto de Gernika con la mano sobre la Biblia y la cruz de la Victoria. "Asumiré con lealtad y responsabilidad el cargo", proclamó, rodeado de cargos institucionales, familia y simpatizantes.
El Rey Felipe VI no asistió, pero envió una carta de felicitación. Urkullu, su antecesor, le impuso la txapela simbólica, en un traspaso sereno. Miles de personas acudieron a la plaza, ondeando ikurriñas y pancartas de apoyo. EH Bildu, principal grupo opositor, optó por la ausencia protocolaria, criticando el "continuismo" peneuvista.
Programa de gobierno: retos económicos y sociales
Pradales hereda una Euskadi con sólido PIB per cápita (32.000 euros), pero enfrenta desafíos como el envejecimiento poblacional, la escasez de vivienda y la dependencia energética. Su plan incluye 1.200 millones en vivienda pública, incentivos fiscales para empresas y fortalecimiento del euskera en la educación.
En materia sanitaria, Osakidetza será prioridad ante listas de espera crecientes. La transición verde apuesta por renovables, con énfasis en eólica offshore. Económicamente, se busca atraer inversión extranjera vía Basque Country Investment Center.
Implicaciones para Navarra: vecindad compleja
Desde Navarra, la investidura de Pradales genera interés por las relaciones transfronterizas. Compartimos cuenca del Ebro, infraestructuras como la AP-68 y flujos migratorios laborales. María Chivite, presidenta navarra (PSN), felicitó a Pradales y abogó por "cooperación en empleo y medio ambiente".
Temas candentes: la gestión de vertidos industriales vascos al Bidasoa, que afectan a ríos navarros; el tren de alta velocidad Vitoria-Bilbao que impacta en corredores comerciales; y la competencia fiscal en zonas limítrofes como Treviño (enclave alavés en Burgos, pero con lazos navarros).
Políticamente, el pacto PNV-PSE inspira a Navarra, donde PSN gobierna en coalición con Contigo Navarra (Podemos-Geroa Bai), apoyado externamente por EH Bildu. UPN critica estos pactos como "cesiones al nacionalismo", similar a las voces del PP vasco.
El lehendakari electo ya ha anunciado reuniones con Chivite para impulsar la Comisión Mixta Vasco-Navarra, inactiva desde hace años. Temas como la PAC agrícola o fondos Next Generation podrían unir esfuerzos regionales frente al Gobierno central de Pedro Sánchez.
Oposición y desafíos parlamentarios
EH Bildu, liderado por Arnaldo Otegi, será oposición dura, exigiendo avances en autogobierno y memoria histórica. Su bloqueo a la presidencia de la Cámara en mayo tensó relaciones. El PP vasco, con 7 escaños, busca recuperar terreno criticando el "bipartidismo nacionalista".
Pradales necesitará apoyos puntuales para presupuestos y leyes. Su experiencia como consejero (2016-2024) le avala en gestión, pero deberá navegar un parlamento sin mayorías absolutas.
Un nuevo capítulo en la política vasca
La era Pradales representa continuidad peneuvista con toques renovadores. Su discurso inaugural enfatizó la "unidad en la diversidad", rechazando independentismos y apostando por Europa. En un País Vasco próspero pero desigual, su éxito medirá en empleo juvenil (tasa paro 25%) y cohesión social.
Para el conjunto del norte peninsular, este gobierno minoritario puede fomentar alianzas con Navarra y Aragón, potenciando el Corredor Atlántico. Mientras, Sánchez, en Madrid, observa: los pactos con Bildu para su investidura repercuten en dinámicas regionales.
En resumen, la investidura del 2 de julio marca un hito. Pradales asume el reto con optimismo, pero la aritmética parlamentaria exigirá astucia. Euskadi mira al futuro; Navarra, atenta a las sinergias.



